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Mari Juli Marín, durante las Fiestas Locales y Patronales en honor a la Virgen de la Luz de Alconchel de este año. JUAN MIGUEL MÉNDEZ PEÑA
«En Extremadura tenemos que creernos lo que somos y lo que valemos»

«En Extremadura tenemos que creernos lo que somos y lo que valemos»

María Julia Marín Expósito, profesora de la Universidad de Extremadura y presidenta de la Asociación de Enólogos de Extremadura

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Sábado, 19 de agosto 2023, 14:17

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Si hay una extremeña que entiende más de vinos en España esa es María Julia Marín Expósito (Alconchel, 25 de noviembre de 1963). Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad de Extremadura (1981-1986), se doctoró en 1996 y desde entonces ha desarrollado una amplia carrera profesional: desde la Estación Enológica de Almendralejo hasta la propia Universidad de Extremadura, donde imparte clases desde octubre de 1999, pasando por la consejería de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura, FUNDECYT o el propio Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana. Como referente en el mundo de la Enología, es presidenta de la Asociación Extremeña de Enólogos desde 2008, y ha recorrido toda España y otros países como miembro de jurados de concursos de vinos. Además, siempre ha llevado el nombre de Alconchel por bandera, desde bien joven comprometida con los movimientos sociales y culturales del pueblo: cofundadora de la Comparsa Stanmajaras, colaboradora de las hermandades religiosas del pueblo, y desde hace unos años coordinadora del área enológica de la Feria del Espárrago y la Tagarnina.

− ¿Qué hizo que le apasionara el mundo del vino?

− Accedí al mundo del vino por casualidad. Me formé como bióloga en la Universidad de Extremadura y en el verano del curso cuarto a quinto salieron unas becas de colaboración para hacer las entonces tesinas. Fuimos otra compañera y yo a ver a distintos profesores que habían ofertado distintas temáticas y tuvimos la gran suerte de que nos acogiera don José Luis Mesías Iglesias, que entonces estaba trabajando con proteasas de uvas. Iniciamos la línea de investigación, formándome con él y, en el momento en que empecé a trabajar con uvas y con vinos, fue un mundo que me enganchó. Y desde 1984-1985 empecé primero la formación para mi tesina con proteasas de uva (de la variedad macabeo), luego seguí elaborando la tesis con temas vitivinícolas más relacionados con el vino (estabilización y conservación de vinos blancos extremeños). Tuve la inmensa suerte de poder acceder a una beca de Enología que ofertaron en la finca La Orden y, cuando terminé la beca enganché un contrato en la Estación Enológica de Almendralejo, donde estuve cinco años. Para mí fue un mundo que me enganchó desde el principio y, a partir de ahí, también ha sido un cúmulo de circunstancia que me han llevado a poder impartir clases de Enología en la Universidad de Extremadura. Siempre digo que formé como bióloga y me «deformé» como enóloga. Porque los años en que yo empecé a estudiar la carrera no existía Enología como titulación universitaria, únicamente había una Formación Profesional.

− Una mujer alconchelera como usted, y de su generación, ¿se considera una pionera al haber logrado tantos éxitos académicos y profesionales?

− No sé si soy pionera… Pero sí que me considero muy afortunada, pues tengo que agradecer a mis padres, que siempre tuvieron la idea de que tanto mi hermano como yo teníamos que formarnos, e hicieron todo el esfuerzo para que estudiáramos. Toda la gente de mi generación (y es verdad que los padres, desde mi punto de vista, han tenido mucho que ver en nuestra formación), creo que hemos tenido suficientes oportunidades, si los padres se han preocupado o la gente también ha querido -porque todo estudio supone un sacrificio-. Es verdad que no todos hayan seguido por el ámbito académico… Yo hice mi tesis doctoral y hay un ejemplar firmado y dedicado al pueblo de Alconchel; no sé si hay alguna persona más de después de mí haya hecho su tesis doctoral y haya traído un ejemplar al ayuntamiento (a mí me encantaría), pero creo que el mío fue el primero que llegó al ayuntamiento.

− ¿Qué consejos le da a sus alumnos para que se formen, no sólo en lo académico, sino en la vida?

−A mis alumnos siempre les digo, y en el tema del vino aún más, que en Extremadura tenemos que ir sin complejos. Algún alumno me dice «cuando seamos mayores queremos ser como tú» y yo siempre les digo que para eso se tienen que formar. A mí me invitan a muchos concursos y conferencias porque creo que siempre doy la talla cuando voy a esos sitios. En ese sentido yo creo que hay que tener una implicación al máximo nivel; cuando alguien te invita a un sitio es porque confían en ti y tú no les puedes defraudar. No puedes llegar a un sitio siendo un impresentable.

− Cuenta con una dilatada trayectoria como profesora de la Universidad de Extremadura. ¿Qué cree que debe mejorar en la Universidad de Extremadura?

− Hace muchos años que vengo diciendo que nuestra universidad tiene un problema. La gente puede pensar que me refiero a que estamos mal pagados, pero no… Creo que la Universidad ha cometido el gran error de no prever un plan de jubilaciones. Hace por lo menos 10 años recordaba que dentro de 5 ó 10 años estaremos todos jubilados, y no estamos dando la posibilidad de que gente nueva se incorpore, vayan conviviendo seniors con juniors (que me parece la fórmula perfecta), para cuando tengan que coger las riendas. Pero yo estoy muy orgullosa de nuestra universidad. Y creo que si alguien quiere formarse podrá adquirir los conocimientos perfectos. Antes en Enología teníamos intercambios de alumnos con otras universidades y estaban encantados con la formación que llevaban nuestros estudiantes. Si el profesorado se implica, el alumnado aprende.

− Como presidenta de la Asociación de Enólogos de Extremadura, ¿qué cree que falta para que nuestros productos tengan el peso que merece?

−Tenemos que creernos lo que somos y lo que valemos. Tengo la sensación de que creemos que nuestro enemigo es el bodeguero o viticultor que está al lado. Nada más lejos de la realidad. Aquí somos muy individualistas y yo creo que eso no favorece a nada ni a nadie. Si hiciéramos un esfuerzo grande por estar más aglutinados, por hacer Marca Extremadura, marca Ribera del Guadiana o de cualquier producto, creo que nos iría bastante mejor. Porque, aunque somos muchos, somos muy pequeños en la inmensidad del mundo vitivinícola o de cualquier otro producto. Entonces, primero tenemos que creérnoslo. Y en segundo lugar, invertir, porque yo no puedo 0,0% para un comercial. Y, además, tenemos que hacer un esfuerzo por que las nuevas generaciones se vayan formando; hoy día, si alguien quiere ser un buen comercial, tiene que dominar los idiomas, nos gusten o no, aunque el castellano sea uno de los más hablados en el mundo. Es verdad que vamos a otros lugares, donde si no sabes defenderte con otros idiomas, estás poco menos que vendido. Yo creo que deberíamos hacer un esfuerzo por aunar lo que cada uno pueda aportar en pro del producto y en pro de Extremadura.

− Alconchel siempre fue conocido por sus vinos de pitarra, cuya producción se está perdiendo. ¿Cree que en un futuro sería posible que Alconchel volviera a ser un referente en ese campo?

− Yo a día de hoy lo veo un poco complicado, porque es verdad que si Alconchel se dedicara a ello (y a mí me encantaría) y que hubiera una empresa elaboradora, ya el producto que se iba a hacer no iba a ser el clásico vino de pitarra que conocemos. Ahora el mercado está demandando otra tipología de productos; y de hecho, lo vemos en que cualquier bodega extremeña tiene un vino semidulce blanco, porque están muy de moda. En ese sentido, habría que evolucionar.

Pero las vides tintas de Alconchel tuvieron un reconocimiento a nivel extremeño del más alto nivel. Antes hablaba de José Luis Mesías, como mi mentor y quien me introdujo en este mundo; pues su hermano Aniceto venía a Alconchel porque decía que las cepas tintas que se cultivaban aquí, aparte de tener mucha antigüedad, eran unas cepas buenísimas. Es una pena que se hayan ido abandonando… Pero volvemos a lo de siempre: el campo está muy castigado y, si no hay nadie joven que quiera cultivar vides, evidentemente al final van a perderse.

− Sin embargo, en eventos como la Feria del Espárrago y la Tagarnina se está potenciando también la enología y el maridaje. ¿Qué significa para usted coordinar esta feria?

− Para mí es un orgullo poder estar co-dirigiendo con el resto de compañeros de la gastronomía esta feria. Poco a poco el público y las críticas nos están dando la razón, no nos hemos equivocado en el enfoque que se le ha dado a la feria. Y, además, creo que se está dando mucho empuje a todos vinos extremeños. Ya el año pasado tuvimos la suerte de que comerciales y propietarios de algunas de las bodegas cuyos vinos se utilizaron en los maridajes, estuvieron presentes y se quedaron alucinados. A mí me gustaría que todos los propietarios de estas bodegas cuyos vinos se utilizan en los maridajes año tras año viviesen una edición de la Feria del Espárrago y la Tagarnina, porque yo creo que no son capaces de visualizar el potencial que pueden tener sus vinos en esta y otras muchas ferias gastronómicas. Tenemos, además, la repercusión de la velada eno-gastro-estelar de las Fiestas de Agosto, donde el consumo de vino es alucinante. Es por ello que creo que estamos haciendo muy buena labor, pues el consumo de vino es del público más joven hasta el mayor. Se están introduciendo en el mundo del cava, impensable hace unos años, algo ya muy demandado. Yo creo que, en no mucho tiempo, vamos a tener que montar un estand de venta de vinos, porque mucha gente que viene a la Feria se llevarían vino.

− Y aspiramos a que la Feria sea declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. ¿Qué cree que le falta a la fiesta para que dé ese salto cualitativo y logre esa aspiración?

−Mi idea, y lo vengo visualizando desde hace años, es que tenemos la gastronomía que hay en Alconchel, con los locales que hay. Es verdad que la carpa que se monta se queda pequeña por el espacio, pero sería ya casi inabarcable montar en la plaza una carpa con más capacidad, porque sería imposible; y si la sacamos fuera de la plaza, perdería el encanto. Por eso pienso que debería establecerse un flujo eno-gastronómico desde la plaza, con la carpa central con actividades, toda la avenida de Extremadura hasta desembocar en la carretera, que es donde ahora están los locales gastronómicos; ojalá que dentro de unos años podamos decir que toda la plaza está llena de locales que nos puedan atender gastronómicamente hablando… Ya el año pasado hubo un esbozo, donde se montaron pequeñas casetas, y como cada año se están introduciendo elaboraciones nuevas, mi idea -y creo que eso sería definitivo- sería que cada caseta ofrezca un producto gastronómico relacionado con el espárrago y la tagarnina. Así conseguiríamos establecer un flujo, posibilitamos que la gente que no puede entrar en la carpa porque las entradas se agotan pronto, tengan la posibilidad de degustar esas elaboraciones. Y yo intercalaría entre esas casetas o puestos gastronómicos, casetas de vinos, con degustaciones, más allá del puesto de venta.

− De usted también fue la exitosa idea del Túnel del Vino de las Fiestas de Agosto. ¿Qué significa para usted este día?

− Son muchos sentimientos muy encontrados, pero todos buenos. A mí se me ocurrió la idea cuando yo pertenecí a la cúpula de la Hermandad de la Virgen de la Luz y lo propuse. Al principio fueron muy escépticos, porque dudaban que pudiera conseguir que el vino nos lo regalaran. Pero tengo la enorme fortuna de que todos los enólogos o propietarios de bodegas son compañeros de la Asociación, con los que tengo una relación magnífica, y ceden todo el vino del Túnel. Es algo que cuesta creer, pues cuando vendes los catavinos por tres euros e invitas a beber y comer, hay gente que no lo entiende al principio. Por eso yo quiero un alegato en favor de estas empresas, muchas ya son fieles, que colaboran con nosotros sin ningún problema. Y estarían encantados en venir a las fiestas, pero ya están en plena vendimia; si viniesen tendrían la satisfacción ver que sus vinos son consumidos y promocionados en un evento así, pues gracias a ello mucha gente los prueba y los compra después porque les han gustado. Tenemos una estimación de que en el Túnel del Vino de este año se van a servir entre 150 y 200 botellas.

− En Alconchel también ha destacado por su compromiso social y cultural. ¿Cómo está viviendo, por ejemplo, la nueva etapa de la Comparsa Stanmajaras que ayudó a fundar?

− Sus nuevos componentes nos preguntaron a los más antiguos de la comparsa que si nos importaba que siguieran con el mismo nombre. Yo les dije que a mí no me importa, pero no sé si les iba a beneficiar… Porque todos sabemos que fuimos muy criticados, porque éramos una comparsa que decidimos hacer un poco de todo (bailábamos, cantábamos, actuábamos…) y éramos muy críticos con la actualidad nacional, regional y, sobre todo, local. Por eso pensaba que igual podían tener más perjuicios que beneficios, pero al final parece que no. Y el gusanillo sigue ahí, lo que pasa es que, por circunstancias, las cosas se han complicado… Pero nos seguimos vistiendo en carnaval y seguimos apoyando lo que haya que apoyar. Y cuando Stanmajaras necesita algo, aquí estamos nosotros para ayudarles.

− En un pueblo como el nuestro, ¿qué cree que le falta a nuestras fiestas?

− Yo creo que falta que haya más implicación de la gente, aunque parezca mentira. Si unos pocos fuéramos a cada una de las actividades, y todos colaboráramos en lo que cada cual podamos, yo creo que las fiestas se engrandecerían mucho más. Y esto lo hago extensivo a lo que pasa en Alconchel: si todos hiciéramos un esfuerzo por tener más locales abiertos, por tener más dinamización cultural, por tener más implicación (no vale sólo con que estemos los cuatro días de fiesta bailando)… Hay veces que hay un espectáculo de teatro, cultural, cine, conciertos, y no vamos nadie. Y eso no puede ser. Para que Alconchel siga manteniéndose, siga avanzando y vuelva a tener las cotas que tuvo años atrás, tenemos que implicarnos todos. Es cierto que muchos estamos fuera y hay fechas en las que no estamos, pero creo que de la misma forma que se está revitalizando fiestas como la Zaragutía o la Feria del Espárrago, pues que todos hagamos un esfuerzo por venir y por aportar lo cada uno pueda en todas las cosas que se organicen.

− ¿Qué representa para usted la Virgen de la Luz?

− Ha sido un referente desde que hemos nacido. Yo en mi casa recuerdo desde cuando era bien chica, en el dormitorio de mis padres había una foto en blanco y negro de la Virgen de la Luz. Siempre ha estado colgada en mi casa, y nosotros desde pequeños hemos vivido esa tradición. Yo recuerdo cuando las fiestas de la Virgen de la Luz eran las únicas que se celebraban en agosto, eran un espectáculo. Y lo recuerdo especialmente porque mis padres estaban muy involucrados con la Hermandad (es cierto que mi padre más con la del Cristo), y siempre hemos ido a colaborar con lo que la Virgen necesitaba: limpiar la iglesia, ir a pedir por las casas, etc. Y recuerdo las tómbolas que se montaban, que cedían locales de la plaza; eran tómbolas en las que todo lo que había era donado por personas o entidades, y en las que el padre Antón (al que tengo un recuerdo especial), tenía un papel importante porque conocía a mucha gente que también donaba… Recuerdo a mi madre que siempre buscaba qué llevar a la tómbola; era un aliciente más, al igual como cuando se montaba la tómbola del Cristo. Y eran nuestras madres y su generación las que estaban vendiendo en la tómbola porque todo lo que se sacaba era para invertirlo y para que pudiera haber fiestas, pues por entonces no había apoyo y las hermandades eran quienes organizaban. Todo tenía que ser a base de rifas, de tómbolas, de donativos… Son vivencias que hemos interiorizado todos los de mi generación, y hemos seguido pidiendo otras cosas (como por ejemplo el vino o lo que haga falta), para que la procesión de la Virgen de la Luz tenga éxito, las misas de Navidad, etc. Creo que hemos conseguido crear «algo alrededor de», pues hay tradiciones, por ejemplo, como cuando en la última misa de la novena de la Virgen de la Luz (24 de diciembre), tenemos te ir a tomarnos un chupito de orujo blanco… Son tradiciones que no quiero perder. Y a mí me encantaría que mis sobrinos que no están aquí las siguieran, pero eso va a ser más difícil. Así que para mí la Virgen de la Luz es un referente, es una protección que tenemos y es lo que hemos vivido desde que nacimos.

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